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2024

Muqu (seed)

MUQU surge como una reflexión personal sobre el retroceso de la humanidad, que, a pesar de los avances científicos y tecnológicos, parece perderse en la indiferencia frente a lo esencial: lo humano. "MUQU", que significa semilla en quechua -lengua originaria de los pueblos andinos de Suramérica-, es la raíz de la vida y el llamado a retornar a un momento primigenio, donde lo humano solo era posible desde una relación horizontal con la naturaleza. Fernando Pinto ha viajado durante años por Colombia, desde Bogotá hasta el Vichada, recolectando, clasificando y coleccionando miles de semillas. La geometría de la simiente, que resulta en simetrías radiales, bilaterales o esferoidales, son la manifestación directa de las presiones evolutivas a las cuales ha estado sometida; de las necesidades para la dispersión de su fruto, la protección del embrión y el aprovechamiento de sus reservas energéticas. Las líneas, espirales y pliegues en su superficie responden a una ecuación de adaptabilidad y supervivencia: hay semillas que son pulidas por la corriente de los ríos, algunas que se cierran para proteger un código genético que se abrirá en el momento preciso; y otras que desarrollan expansiones membranosas, que, como pequeñas alas, facilitan la diseminación. La variabilidad en sus formas influye en la manera en que cada semilla interactúa con su entorno, desde su capacidad para ser transportada, hasta su viabilidad en los distintos sustratos. Y así, en un lenguaje perfectamente imperfecto, las mutaciones favorecen la biodiversidad y la vida. Cada semilla contiene en sí misma una promesa de germinación. A través de ellas, la naturaleza, en su generosidad, nos habla de fe: ofrece millones de semillas a la tierra, al agua y al viento, advirtiendo sus escasas probabilidades de éxito, mientras confía en perdurar a través de la multiplicación. En MUQU, Fernando Pinto utiliza la mímesis como un recurso para reflexionar sobre el origen, la adaptación, la resistencia y la migración. En el contexto de un país marcado por la inestabilidad, el acto de recolectar semillas se convierte en un acto simbólico que nos conecta con la experiencia del migrante: llevar consigo no solo un pedazo de tierra, sino también la esperanza y la memoria de lo que fuimos, con la fuerza de lo que podemos llegar a ser. Ana Cárdenas

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